Diego Pagani es un hombre con más proyectos musicales que Mike Patton. En esta entrevista recuerda su primer concierto, su primera chica, el ascenso y la caída de la mítica Casa del Rock, todas las bandas por las que pasó y habla de Vaqueros Paganos y Matalobos, aquellas que hoy concentran su atención.
(Por Iván Stemberg) Está en todos lados y en ninguno. Magia procaz con ‘p’ de Pagani. Diego es su nombre de pila, la misma que nunca parece quedársele sin energía. Músico y
diseñador gráfico, padre orgulloso y amante sarnoso (según me contaron). Seguro vieron a una de sus bandas en algún momento y, si no, desde aquí las recomendamos. Forma parte de
Cine,
El Ejército De Las Tinieblas y
Los Buitres Del Infierno. Sacó un disco solista bajo el seudónimo de
Pobrediego y tiene un dúo con
Federico Pazos, cantante de los Buitres e ilustrador de tiras cómicas. Guitarrista despiadado y poseedor de un falsete corajudo (“no es falsete, es así, grito, no me queda otra...a mí me encantaría tener la voz grave como Lanegan o Johnny Cash, pero no”). El dueño de la ya derruída
Casa del Rock divide hoy su tiempo entre
Vaqueros Paganos y
Matalobos. Están invitados a su festín, buen provecho.
- ¿Qué hizo que quisieras dedicarte a la música?
Estaba en Entre Ríos, en una carpa, verano del ’94, escuchando el álbum negro de Metallica y, en un determinado momento del solo de “Sad But True”, decidí que mi futuro era aprender a tocar la guitarra. 100% cierto. En esa época yo iba a la escuela con Rodolfo Jacobs, guitarrista de
Los Niños Perdidos -banda que recomiendo desde mi corazón- y él fue quien me enseñó las primeras giladas, el riff de “Thunderstruck”, “Simpathy for the Devil”, y cosas así.
- ¿Hasta ese momento nunca habías tomado una clase de nada?
Nunca nada. Tenía una guitarra criolla de mi viejo que ni sabía afinar. Lo que hice al volver de esas vacaciones fue conseguirme un trabajo y comprarme una guitarra eléctrica. Repartía volantes para una remisería, una mueblería y un comité radical. Me pagaban 10 pesos por día y caminaba 100 cuadras, o sea, 10 centavos por cuadra.
- ¿Tu viejo es músico?
Tuvo una banda en los ‘60. Se llamaban
Época y hacían covers de Creedence y los Stones, pero eran malísimos. Los escuché en el cumpleaños de 15 de mi hermana, en 1996, cuando intentaron volver. Los años les jugaron una mala pasada (risas). Ese mismo día del regreso de
Época, también fue mi primer show en vivo. Tenía una banda en ese entonces que hacía covers de Nirvana, Ramones y 2 Minutos. Se llamaba
Plan 9, por la película de Ed Wood. Esa noche también conquisté a una señorita por primera vez, o sea que mi primer encuentro con el rock fue así: una ecuación adolescente perfecta.
- ¿Qué recordás de ese debut escénico, más allá de la muchacha conquistada?
Fue una locura. ¡Tenía el pelo largo, usé camisa leñadora y remera de Sandro! Ensayamos muchísimo, igual con el tiempo me di cuenta que mil ensayos no sirven si no afinás bien todos los instrumentos. La primera canción fue la del Inspector Closeau. Estaba lleno de pendejos quinceañeros agitándola y estaba mi abuela también que no entendía nada. Tocamos “Smells Like Teen Spirit” y desafiné como una oveja.
- Digamos que a partir de esa noche te sentiste un rockstar, ¿qué duró más, Plan 9 o tu relación con esa chica?
Casi lo mismo. Pasó un mes como mucho y
Plan 9 y la chica ya no existían. Era una banda complicada. Yo quería hacer punk, el bajista metal clásico y el batero trash, pero estuvo bien....llegamos a tocar en vivo una vez más, en un colegio. Esa fue grosa, ahí se armó, teníamos afinador. Hubo un pogo descomunal y los preceptores no sabían que hacer.
- Hagamos un poco de fast-forward barato hasta Cine.
(Risas) De todas formas no pasó mucho en el medio.
Cine, al principo, se llamó
Iguanas Sagradas y fue una especie de experimento anti-rockero. Nada de bajos, nada de baterías. Paisajes sonoros y psicodelia folk. Quería ser Donovan, Bowie y Barret a la vez. Arrancó esporádicamente en el ’98, como dúo, con el ‘Checho’, Fernando Estrup. Yo venía grabando canciones en un porta de 4 canales así que empezamos tratando de tocar eso. En el ‘99 ya ensayábamos más seguido, pero después vino toda la movida de mierda de Radiohead y nos cambiamos el nombre y el estilo. Hay un disco por
ahí que se puede bajar gratis. Lo grabamos en casa con la computadora. Después vino
El Ejército De Las Tinieblas, entre
Cine y los
Buitres. Hacíamos free-rock o algo así. Grabamos tres discos: “Primavera Negra”, “Capitán del Espacio” y el EP “Satanic”. “Capitán del Espacio” está bueno, yo toqué la aspiradora con delay. Le pusimos un afinador a la aspiradora y, de acuerdo al nivel de aspiración, daba una nota. Era limitadísima, sólo tocaba ‘sol’, ‘sol sostenido’ y ‘la’.
- Ahí no sé si el que aspiraba era el electrodoméstico o ustedes.
Todos.
- Sigamos adelante: Buitres del Infierno...
¿Viste cuando Homero descubre los autos que funcionan con alcohol? Bueno, Los
Buitres son iguales, todo lo contrario a
Cine. Salvajes, distorsionados, cuadradísimos, primitivos. Los
Buitres existen desde hace tres años más o menos y seguimos sin tener un solo tema propio, algo que a nadie parece importarle si hay cerveza dando vueltas. En el medio de los
Buitres surge esta cosa gay de
Pazos y Pagani. El lado sensible de los
Buitres pero que, en el fondo, también esconde odio y rencor. Sólo hubo una presentación en vivo hasta ahora: la memorable noche del viernes 8 de diciembre de 2006 en Antiguas Lunas en la que Fede cantó con megáfono y yo toqué el acordeón. Hace poco escribimos dos temas nuevos con Pazos, "Un cajón lleno de bolsas" y "60 cms. de Tex Avery". Nos grabamos gritando, sin planear casi nada. Es crudo y honesto.
- Next track: Pobrediego.
Pobrediego es, en cuanto a sonido, el intermedio entre
Cine y
Vaqueros Paganos. Lo grabé todo yo solo. Si no hacía ese disco de mierda, no sé, estaría tomando Alplax o algo de eso. Es un disco muy triste grabado en una época muy triste.
- ¿Podríamos decir que te salvó la vida?
Quizás sí, no sé si me salvó pero me ayudó. Es el único disco que me produce esta cosa extraña cuando lo escucho, de hecho ahora me acuerdo y me pasa lo mismo. Tiene las canciones más reales que hice. Ahora lo pienso y no sé si está tan bueno eso. ¿A la gente qué le importa si a mí me dejó una chica? Igual no es un disco de corazones rotos.
- Matalobos.
De
Matalobos no voy a hablar todavía. Está guardada bajo siete llaves. Sólo voy a decir que es una banda 100% sureña, desértica y que afinamos en ‘do’. Somos todos del mismo barrio, Lanús.
- Antes de llegar a Vaqueros Paganos, tomemos un último desvío. ¿Por cuánto tiempo tuviste la sala de ensayo/grabación?
¿
La Casa del Rock? Daria de
Koshka y yo la tuvimos desde el comienzo en 2005 hasta hace dos meses. Puse la primera membrana en el techo y la última plancha de goma adentro de la sala.
- ¿Qué bandas pasaron por allí además de las tuyas?
Una bocha:
Los Álamos,
Los Natas,
Bochatón,
Tangerina,
Sortie y un millón más.
- ¿Qué implicó tener una sala propia?
Al principio fue la gloria. Era mi propio jefe y tenía una sala de ensayo para hacer lo que quisiera. No hubiese tenido tantas bandas sin la sala. Después la rutina destruyó todo y, si a eso le sumamos que casi no ganaba plata, en fin...fue lindo mientras duró, por lo menos el primer año y medio. Ahora uso mi computadora para grabar los primeros estadíos de todo. En la casa de
Clara V. estuvimos probando algo y mezclando en lo de Diego de
Verdeoscuro. Me encanta ir a salas de otros, tocar y volver a casa.
- Última escala: Vaqueros Paganos. Empecemos, nuevamente, con una autodefinición.
En
Vaqueros Paganos funcionamos de una manera que hasta ahora había sido inédita para mí. Con Clara somos un equipo como pocos, un solo cerebro, una especie de ying y yang pero de los dos lados negros. Empezamos a tocar juntos medio de casualidad, grabamos unos demos y vimos que funcionaba. La idea era y es aprovechar la cuestión del tipo y la mina que cantan y componen. Eso nos llevó a lugares muy locos porque nuestras canciones siempre tienen dos puntos de vista. El sonido viene más por el lado de las baladas gigantes y hermosas de los ‘50, mezclado con nuestra escuela adolescente de grunge, pasando por la psicodelia de los ‘60 y el blues. Ese sonido, a su vez, nos induce a escribir historias sórdidas, de amores truncos y muerte, pero siempre sin perder la sutileza.
- ¿Planean editar algo este año o el próximo?
Sí, estamos terminando de escribir el disco. Nos faltan una o dos canciones, pero ya casi está. Por ahora se llama “X” pero no es definitivo. La “X” funciona de muchas maneras: simboliza lo prohibido, son dos caminos que se cruzan y se separan, y también es una cruz.
- ¿La próxima fecha confirmada de Vaqueros Paganos es la del miércoles 25 de junio en Antiguas Lunas (Quesada 1515, Ciudad de Buenos Aires, ARG) junto a Utopians y Los Niños Perdidos?
Sí, tocamos y festejamos mi cumpleaños también. Cumplo el 26 o sea que a las 12 pm arranca.
- Cuando llega la medianoche te linchan.
Ahí va, que haya mucha sangre.