Conversamos con Bárbara Recanati, cantante de Utopians, luego de la presentación en Chile de “Inhuman”, el primer disco de la banda. Recordó anécdotas del viaje, evaluó las diferencias entre la movida trasandina y la argentina, habló del álbum y eligió sus películas favoritas.
- Contame algunas anécdotas sobre la presentación del disco en Chile, relacionadas con los shows y la vida cotidiana en Santiago.
En lo que hace a la vida diaria, puedo decirte que por el smog cuesta mucho respirar y no podés ver ninguna montaña más allá de que Santiago está hundido entre ellas, ni siquiera una que tengas al lado. Yo fui unos días antes y lo padecí pero, cuando el resto de los chicos llegó a Santiago, trajo consigo una tormenta que duró dos semanas. Gracias a ella se podía ver la Cordillera como nunca se ve en todo el año y no había una gota de smog. Toda la gente estaba como súper feliz, hablando de lo lindo que era y nosotros tuvimos esa suerte de que durante casi toda nuestra estadía fue la época más rara de Santiago. En cuanto a los shows te cuento que a la que se suponía iba a ser la última fecha de
Utopians en Chile, junto a
The Ganjas y
Los Ex, decidimos llamarla ‘La noche de la muerte’. Eso fue porque íbamos a destruir nuestros cuerpos, sobre todo yo que venía cuidándome mucho porque nunca habíamos tenido cinco conciertos al hilo sin descanso. Entonces, esa noche todos hicimos de las nuestras y quedamos reventadísimos a la mañana, muy alcoholizados, destrozados. A las dos horas nos teníamos que ir a Buenos Aires y resultó que la frontera estaba cerrada, que tendríamos otro concierto por delante y que no podíamos ni caminar. Eso fue duro, sobre todo para mí que terminé dos días en cama (risas).
- Vos ya fuiste en dos oportunidades a Chile, el año pasado sola y ahora con la banda, ¿qué diferencias o similitudes encontraste entre las movidas independientes de allá y acá?
Hubo un hecho que marcó un montón todo y nos shockeó un poco a los cuatro. Fue en el concierto aniversario de
Algo Records. Ese mismo día nos dijeron que la banda que cerraba éramos nosotros, después de
Perrosky y
The Ganjas, que son bandas con una trayectoria y una movida bastante importante. El público fue llegando a la fiesta a medida que tocaban los
Perrosky. Cuando ellos empezaron había 3 personas y cuando terminaron había 1.500. Los organizadores eran los
Perrosky y ellos se pusieron ahí, decidieron abrir, pasar por eso y que nosotros cerremos. Acá -en Argentina- si una banda con trayectoria te invita a tocar, ya ni hablemos de que sea a una fiesta en conmemoración a su banda y las otras de su sello como en el caso de los
Perrosky, lo que van a hacer es meterte a las 6 de la tarde cuando no hay nadie, darte la mitad de volumen en sonido que ellos van a usar y, posiblemente, avisarle al resto de las bandas que ellos van a ir más tarde y que no lleguen temprano porque van a estar ustedes tocando. Si estás tan acostumbrado a este tipo de actitudes, como nosotros, ya ni te enojás, pero allá fue todo lo contrario y por eso nos sorprendimos mucho. Igual está claro que no es que acá hay un virus de maldad que está impregnado en todos los músicos, no tiene que ver con la gente sino con el momento de cada ciudad. Buenos Aires pasa por un momento en que ser músico es ser, en parte, guerrero y tener que bancarte las mil y una. En Santiago están en otra etapa, los músicos no sufren tanto y se alegran por la banda amiga. Están en una posición en la que pueden disfrutar mucho más de tocar en vivo, entonces tocan todo el tiempo y se deleitan de hacerlo tanto para 10 personas como para 1.000.
- Acá constantemente se denuncia con razón la falta de lugares, el maltrato y que los músicos tienen que pagar para tocar, ¿cómo se da ese vínculo allá?
En el primer show que dimos en un club nocturno de allá, la entrada fue gratuita, nos dieron el sonido y contrataron a la banda para que toque por un sueldo. Imaginate que acá tenés que cobrar la entrada 10 pesos, le pagás al lugar un fijo por tocar, hasta a veces le das un porcentaje de la gente que entra y tenés que vos cargar todo el sonido. Entonces nos preguntamos: “¿cómo es que acá no están cobrando la entrada y me están pagando un sueldo?”. Ese club lo que quería era ofrecerle y garantizarle al público un show de buena calidad según el criterio del lugar y contrataban por ese show, como si fuese un humorista o un bailarín, como si fuese un artista, como lo que es. Tuvimos la suerte de que allá en todos los lugares en los cuales tocamos nos pagaron mucho más de lo que acá lo hicieron en toda la vida pero, también, de nuevo, creo que tiene que ver con la situación de cada ciudad. En este momento, después de Crogmanón y todas las cosas que pasaron, en Buenos Aires hay menos lugares aptos para tocar y, en general, los que hay tienen sonido y acústica horribles, una mala onda de mierda y, además de eso, hay cada vez más bandas, entonces todo se torna más complicado. Allá yo no noté eso, hay menos bandas y mejores lugares y acá lo opuesto, más bandas y peores lugares. Se vuelve casi ridículo comparar. Ni siquiera se trata de decir que algo es mejor o peor porque también noté que las bandas de Chile se mueren por venir a tocar a Buenos Aires. El reto de saber que hay tantas bandas, tan poco lugares y un público tan reducido, hace que ellos valoren más juntar unas 50 personas acá que 500 allá.
- Hablemos un poco del disco, Inhuman, que editará No Fun Records y ustedes presentarán en julio en Buenos Aires. ¿Qué puede esperar de él la gente que los haya o no escuchado alguna vez?
Lo bueno de un primer disco es que no creo que haya mucha gente esperando nada de nosotros, entonces hay menos presión. La gente que viene siguiendo a
Utopians puede esperar como novedad el arte, que aún no está muy publicado, o alguna canción remasterizada porque, en realidad, lo nuevo está en el
myspace y lo viejo lo venimos tocando hace más de un año. Para la gente que nos venía escuchando, el disco es algo que tenía que suceder, que tienen que tener, y para la gente que no, es la carta de presentación de lo que estamos haciendo ya hace un tiempo.
- ¿Creés que es la mejor síntesis de lo fueron hasta ahora?
No, ni a palos. No creo que un disco sea la mejor síntesis de ninguna banda, al contrario, para mí es un momento perfecto para sacar a relucir todos tus defectos. Me parece que
Utopians es una banda para escuchar en vivo, no en estudio. Este primer disco es muy especial para nosotros en el sentido de que marca el cierre de una etapa de dos años que queríamos dejar plasmada y no olvidada en un pozo, como pasó con muchas canciones que quedaron afuera. Ya estamos preparando y tocando en vivo material del segundo disco, así que posiblemente a fin de año empecemos a grabar otra vez.
- Si tuvieras que elegir una de las canciones nuevas del disco, de las que no estaban en sus EP’s anteriores, ¿cuál sería y por qué?
“Norman Bates”, es la que más me gusta porque es una canción que me pone de muy buen humor.
- Tal vez el arte del disco no esté muy visto todavía, pero se puede adelantar que está emparentado con el cine, ¿de dónde surgió la idea de hacerlo así?
El arte del disco le corresponde en un 80% a
Diego Pagani. Acudí a él y le dije que quería algo conceptual, que siguiera una línea. Empezamos a hablar y él me comentó que siempre nos relacionó con Hitchcock porque lo citamos, de alguna forma, en varias canciones. Entonces, decidimos que ese fuera el tópico. Se nos ocurrió recrear ciertas escenas de sus películas más clásicas y lo hicimos. Vino
Rafa Paz a socorrernos a último minuto, sacó las fotos y Diego puso su magia encima de todo.
- Está claro que te gusta mucho el cine y, siguiendo ese plan, nombrame tres películas de las que se refieren comúnmente como esenciales en la historia que te hayan gustado mucho y tres basuras culposas que hayas disfrutado más allá de su dudosa calidad.
Empecemos con las grosas: “The Rocky Horror Picture Show” (1975), de Jim Sharman, “Las Alas Del Deseo” (1987), de Wim Wenders, y “Todos Dicen Te Quiero” (1996), de Woody Allen. Y...las culposas, a ver, dejame pensar: “Generación X” (1994) -o sea “Reality Bites”- de Ben Stiller, “Meet The Feebles” (1989), de Peter Jackson, y “Clueless” (1995), con Alicia Silverstone (risas).